"Catequesis e historia de la salvación" Imprimir E-mail
Juan Carlos García Domene   
Martes, 08 de Febrero de 2011 17:44

     Profesor de la Universidad de Murcia

La centralidad de la Historia de la salvación en la Catequesis es fruto del Concilio Vaticano II cuya Constitución Dei Verbum comienza haciendo comprender que la Iglesia escucha y anuncia la Palabra de Dios, con el fin de que el mundo “oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame” (DV 1). Ahí hay que situar a la catequesis de la comunidad cristiana: en el anuncio y explanación de la Palabra que manifiesta una revelación que siempre tiene un carácter histórico:

“Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación” (DV2).

Objetivo: 

Poner de manifiesto la centralidad de la Palabra de Dios en la vida cristiana mostrando la historia de salvación como categoría esencial para el primer anuncio, la iniciación cristiana y la vida pastoral de la Iglesia pues nosotros «confesamos que Dios ha comunicado su Palabra en la historia de la salvación» (Verbum Domini 7).

Etapas: Presentamos las etapas decisivas de la economía de la salvación, con sus personajes y en los textos narrativos que tienden a Cristo y tienen en él su culmen. Es obvio que todas las referencias citadas estarán tomadas de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española. Son nombres e historias que mantienen una coherencia interior accesible sólo desde la fe. 

Espacio y tiempo: Después, dirigimos la atención a la dimensión espacio-temporal de la historia de la salvación, el despliegue de Dios en un tiempo que por su gracia se abre a la eternidad y en un espacio-lugar que sin ser «santo» se hace «sagrado» por el misterio de la encarnación del Hijo que dilata el cosmos y lo abre, trascendentalmente, al misterio de Dios y a la plenitud de su Reinado. Historia y cronos en un locus redimensionado, un nuevo aquí y ahora, cielos nuevos y tierra nueva, definitivamente recreados por la encarnación-redención-parusía.

Cristo centro y plenitud: Pasamos, más tarde, a mirar a Cristo que hace nuevas todas las cosas y es cumplimiento de las promesas de Israel y nueva alianza para la humanidad redimida en la Cruz. Jesucristo es centro de la Historia de Salvación, contenido de la catequesis y Maestro que inaugura el Reino de Dios con una pedagogía nueva.

Documentos y Catecismos: Por último, nos detenemos tanto en los documentos como en el Catecismo de la Iglesia Católica y los de la Conferencia Episcopal Española. En ellos la centralidad bíblica es patente y la historia de la salvación es la luz que “interpreta los acontecimientos actuales de la historia humana”. La narración de las maravillas obradas por Dios y la espera del retorno de Cristo, contenido central de la Sagrada Escritura, van de la mano de la exposición de la fe (credo), de la celebración cristiana (sacramentos), de la iluminación de la vida (mandamientos) y de la oración (padrenuestro).

Conclusión

1. Etapas, personajes y trabazón de la Historia de salvación 

Si pudiéramos imaginar una figura para expresar qué es la historia en el pensamiento cristiano no trazaríamos ni una línea, ni un círculo, sino una espiral de espirales. En  el pensamiento judío y cristiano la historia no es un retorno eterno, permanente, puramente circular, que se repite cada generación. Tampoco concebimos el tiempo como una línea que comenzó y no terminará, indefinidamente. Estaríamos, si pudiéramos representar la cosmovisión cristiana sobre el tiempo en una hipotética espiral de círculos y círculos que partiendo del Padre en el tiempo Creador lleva a la plenitud de los tiempos donde todo converge en Cristo, ya presente en la creación; desde la Nueva Creación de la Pascua parten de él también en múltiples círculos que forman un espiral en expansión que prepara su vuelta gloriosa. Esa espiral de espirales que viene de Dios y a Dios nos lleva, tiene su columna axial en Cristo preexistente, encarnado, muerto y resucitado que ha de volver glorioso para reinar por siempre.

Podemos, por tanto, delimitar los tiempos de la Historia de Salvación del siguiente modo: Tiempo de caos y creación, Tiempo de gracia y espacio de libertad, Tiempo de pecado y desorientación, Tiempo de llamada y de promesas, Tiempo de opresión y liberación, Tiempo de desierto y de Alianza, Una tierra para un pueblo, Tiempo de exilios y profecía, Plenitud de los tiempos en Cristo, Tiempo para la Iglesia peregrina al servicio del Reino que espera la Parusía del Señor. 

Unas palabras de Benedicto XVI aclaran la unidad interior de todos estos tiempos, resumibles a su vez en tres tiempos decisivos. Sólo la fe puede hacernos comprender esta unidad y este dinamismo en toda su plenitud y en todo su alcance:

 

«El tiempo de la historia de la salvación se articula en tres grandes "momentos": al inicio, la creación; en el centro, la encarnación-redención; y al final, la "parusía", la venida final, que comprende también el juicio universal. Pero estos tres momentos no deben entenderse simplemente en sucesión cronológica. Ciertamente, la creación está en el origen de todo, pero también es continua y se realiza a lo largo de todo el arco del devenir cósmico, hasta el final de los tiempos. Del mismo modo, la encarnación-redención, aunque tuvo lugar en un momento histórico determinado —el período del paso de Jesús por la tierra—, extiende su radio de acción a todo el tiempo precedente y a todo el siguiente. A su vez, la última venida y el juicio final, que precisamente tuvieron una anticipación decisiva en la cruz de Cristo, influyen en la conducta de los hombres de todas las épocas». (Benedicto XVI, Angelus del 30 noviembre de 2008). 

 

TIEMPO DE CAOS Y DE CREACIÓN

En los dos primeros capítulos del Génesis se resalta el diseño de Dios que parece estar ordenando el caos. Su PALABRA ordena la realidad, la crea y así lo vivifica todo. Se esquematiza la creación en siete días, y en el sexto, antesala del descanso divino, crea Dios al hombre a su imagen:

 

“Y creó Dios al hombre a su imagen,
a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó” ( Génesis 1,26).  

Los personajes claves de este tiempo originario son Adán y Eva: la humanidad irreductiblemente masculina y femenina, creada para el amor y la armonía.

TIEMPO DE GRACIA Y ESPACIO DE LIBERTAD  

Es el tiempo primero de gracia y armonía. El varón armónicamente unido a la mujer, la criatura humana en comunión plena con la creación y con el Creador-Padre goza en el diálogo y la relación con Dios.  Es el tiempo de la libertad, porque sin ella la humanidad no estaría todavía humanizada. Es el tiempo donde la seducción es posible y el pecado es una posibilidad. Es el tiempo donde se van a quebrar la armonía y la solidaridad. Se abre -por la seducción- el tiempo de la vergüenza y la culpa. Ya no se atreven a mostrarse cara a cara con Dios… 

“que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa” (Génesis 3,8). 

TIEMPO DE PECADO Y DESORIENTACIÓN

A partir del capítulo 4, el libro del Génesis ofrece un panorama de desorientación. Es la corrupción que permite afirmar al autor del libro que  

“Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra y que todos los pensamientos de su corazón tienden siempre y únicamente al mal, el Señor se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra y le pesó de corazón” (Génesis 6,5).   

La decisión de Dios, si pudiéramos hablar así, no hizo caso al peso de su corazón y por eso estableció un pacto con Noé 

“Yo estableceré mi alianza contigo” (Génesis 6,17) y
“Noé hizo todo lo que le mandó el Señor” (Génesis 6,22).  

Podríamos pensar en una interpretación alegórica del diluvio universal como tiempo para una primera purificación que renovara y ofreciera una oportunidad. Noé evoca a Adán, el diluvio devuelve a la tierra al caos inicial, pero la bondad de Dios es más fuerte que el pecado de los hombres y se restablece la historia aunque nunca volverá el Edén perdido.

 

Después del diluvio, surgen muchos pueblos de la descendencia de Noé. Y también surgirá Babel, una confusión latente que se hace patente.  

“Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance el cielo, para hacernos un nombre” (Génesis 11,4)

 

Construir el mundo sin tener en cuenta a Dios se vuelve siempre contra el hombre.

TIEMPO DE LLAMADAS Y DE PROMESAS 

La preocupación que Dios ha mostrado por la humanidad, se centró más tarde en la atención por una persona concreta: Abrán. A un hombre sin descendencia y nómada, de la tierra de Ur, en Caldea, Dios le hizo la promesa de la tierra y de un hijo, y en él la promesa de un pueblo numeroso.

 

“Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12,1-3). 

Las promesas, reiteradas una y otra vez, son el contenido de la Alianza (Génesis 17,1-14) y poco a poco se fue abriendo paso la salvación de Dios para un pueblo con una historia y en una tierra, siempre cifrada en tiempo real y en espacio concreto. Habrá “intervenciones” divinas para el nacimiento de Ismael, en la teofanía de Mambré, para el nacimiento de Isaac y la prueba de Abraham, en la muerte de Sara y durante los ciclos de Isaac y de Jacob, hasta constituir a Israel (Génesis 32,23-32). Dios ha decidido intervenir ofreciendo una presencia que no está vinculada a un santuario, sino a un pueblo y a una promesa.

TIEMPO DE OPRESIÓN Y LIBERACIÓN 

Vale la pena detenerse en el ciclo de José (Génesis 37-50). El final del libro del Génesis, muestra a José rodeado de una prole muy numerosa y ofrece un nexo entre la memoria de los patriarcas y la esperanza del Éxodo hacia la tierra prometida:

 

“Yo voy a morir, pero Dios cuidará de vosotros y os llevará de esta tierra que juró dar a Abrahán, Isaac y Jacob” (Génesis 50,24).

“Surgió en Egipto un faraón nuevo que no había conocido a José” (Exodo 1,8).

 

Aparece el ciclo de Moisés, con un nacimiento y una infancia que le preanuncian como salvado “de las aguas” y como libertador “de un pueblo”. De nuevo el agua, de nuevo un linaje. El ciclo de Moisés es extraordinario y le servirá al evangelista Mateo para ofrecerlo como tipo de Cristo. La vocación de Moisés y el episodio de la zarza comprometen a Dios con el sufrimiento de su pueblo y por eso afirma:  

“He bajado a librarlo de los egipcios, a sacarlo de esta tierra, para llevarlo a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel” (Exodo 3,8).

 

El episodio inicia un tiempo de pugna y confrontación del Señor con el faraón hasta que sucede la Pascua y la salida de los israelitas. El paso por el Mar Rojo evoca la creación y el diluvio y ahora es signo y tiempo en la liberación de Israel.

TIEMPO DE DESIERTO Y DE ALIANZA 

Tras el paso del mar llegaron al Sinaí y Moisés “subió hacia Dios” (Exodo 19,3). En el desierto la teofanía, la Alianza, la entrega de la Ley, el becerro de oro y la alianza renovada:

 

“Yo voy a concertar una alianza: en presencia de tu pueblo haré maravillas como no se han hecho en ningún país o nación” (Exodo 34, 10).

 

El final del Deuteronomio nos sitúa ante la tierra prometida, prepara la ocupación y la conquista. El discurso segundo de Moisés se ocupa del lugar y del tiempo, del nosotros y del aquí y ahora:  

“No concertó el Señor esta alianza con nuestros padres, sino con nosotros, con todos los que estamos vivos hoy, aquí” (Exodo 5,3).

 

Hasta cinco discursos ofrece el libertador. La alianza se formula en forma de credo narrativo donde la fidelidad de Dios exige la fidelidad del pueblo:  

“Escucha Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales.  Cuando el Señor tu Dios te introduzca en la tierra que había de darte, según juró a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, y comas hasta saciarte, guárdate de olvidar al Señor que te sacó de Egipto, de la casa de esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a él servirás y en su nombre jurarás“ (Deuteronomio 6,4-13)

 

UNA TIERRA PARA UN PUEBLO

 

Los libros históricos comienzan con el ciclo de Josué y las estrategias de la conquista: Jericó, el paso del Jordán, la conquista del Sur y la conquista del Norte de la tierra. El reparto del territorio hasta la Asamblea de Siquén, que ofrece una verdadera síntesis de la historia de salvación (Josué 24,1-13). La memoria, ya estereotipada, testifica siempre el protagonismo de Dios y sus acciones salvíficas y la palabra de Josué ahora ejerce de notario ante el pueblo que ha de venir en el futuro.

 

TIEMPO DE EXILIOS Y PROFECÍAS

 

Tiempo de Jueces, Tiempo de Reyes. La historia de la monarquía es una constante ida y vuelta a la alianza sellada por Dios con Israel. Los ciclos de Saúl,  David y Salomón marcan una época fuerte y dorada para la memoria de Israel, pero no siempre es suficiente. Aunque poseen una tierra y son un pueblo, se olvidan de Dios (Idolatría), dejan de ser fieles (Infidelidad) y olvidan el código del desierto (Injusticia). Los profetas permanentemente denuncian su comportamiento y llaman a la conversión recordando la alianza, pero entretanto va surgiendo el anhelo de una justicia y una fidelidad nuevas y mayores.

 

Se abre paso la esperanza mesiánica y los profetas cantan anuncios que se irán comprendiendo progresivamente.

 

“Mirad a mi Siervo a quien sostengo,

mi elegido, en quien me complazco.

 

He puesto mi espíritu sobre él,

manifestará la justicia a las naciones.

 

No gritará, no clamará,

no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará

la mecha vacilante no la apagará.

 

Manifestará la justicia con verdad.

No vacilará ni se quebrará,

hasta implantar la justicia en el país.

En su ley esperan las islas.

 

Esto dice el Señor, Dios

que crea y despliega los cielos,

consolidó la tierra en su vegetación,

da el respiro al pueblo que la habita

y el aliento a quienes caminan por ella:

«Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia,

te cogí de la mano, te formé

e hice de ti alianza de un pueblo

y luz de las naciones,

para que abras los ojos de los ciegos,

saques a los cautivos de la cárcel,

de la prisión a los que habitan en tinieblas.

 

Yo soy el Señor, este es mi nombre;

no cedo mi gloria a ningún otro,

ni mi honor a los ídolos.

Lo antiguo ya ha sucedido,

y algo nuevo yo anuncio,

antes de que brote os lo hago oír» (Isaías 42,1-9)

 

 

Los profetas, particularmente Isaías y Jeremías fueron acompañando la esperanza mesiánica hasta el tiempo del precursor Juan el Bautista, antecesor inmediato de Jesús.

 

Papel especial tiene María, la Virgen Madre de Jesús que recibió en Nazaret la visita del ángel anunciando el nacimiento del Salvador, Jesús el Mesías. Y así se cumplió la promesa.

 

Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo el peso de la ley, para que recibiéramos la adopción filial”(Gálatas 4,4)

 

 

 

 

PLENITUD DE LOS TIEMPOS:

    ENCARNACIÓN Y REDENCIÓN DE JESUCRISTO SALVADOR

 

La Carta a los Hebreos permite entender la unidad de la historia de la salvación en Cristo. Por lo que ofrece, por quien la ofrece y por el modo de ofrecerla, esta es la salvación definitiva. Ésta es la etapa final de la historia porque es definitiva y porque ahora ya no se ofrece un signo salvífico sino que lo que se ofrece es la misma salvación integral (del pecado y de la muerte) y la ofrece Jesucristo, “reflejo” e “impronta” del mismo ser de Dios, y a precio de su misma sangre. Ya no es promesa, ahora es cumplimiento. Ya no es esperanza, porque es visión.

 

“En muchas ocasiones, y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado” (Hebreos 1,1-4).

 

TIEMPO PARA LA IGLESIA PEREGRINA

        AL SERVICIO DEL REINO ESPERANDO LA PARUSÍA

 

En la carta a los Efesios se canta el Himno al designio salvífico de Dios: Ya no es una tierra prometida, ahora es toda la tierra consagrada; ya no es un pueblo pequeño y débil, ahora son todos los pueblos, la salvación es universal; ya no es la paz y la justicia de aquí, de esta tierra, sino la recapitulación de todas las cosas de los cielos y de la tierra, porque ha llegado la plenitud de todos los tiempos en Cristo.

 

“Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en Cristo

con toda clase de bendiciones

espirituales en los cielos.

 

Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo

Para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.

 

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo

según el beneplácito de su voluntad,

a ser sus hijos,

para alabanza de la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

 

En él, por su sangre, tenemos la redención,

el perdón de los pecados,

conforme a la riqueza de la gracia

que en su sabiduría y prudencia

ha derrochado sobre nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad:

el plan que había proyectado

realizar por Cristo en la plenitud de los tiempos:

recapitular en Cristo todas las cosas

del cielo y de la tierra.

 

En Él hemos heredado también

los que ya estábamos destinados

por decisión

del que lo hace todo según su voluntad,

para que seamos alabanza de su gloria

quienes antes esperábamos en el Mesías.

 

En Él también vosotros,

Después de haber escuchado la palabra de la verdad

-el evangelio de vuestra salvación-

creyendo en él

habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido.

 

Él es la prenda de nuestra herencia,

mientras llega la redención del pueblo de su propiedad,

para alabanza de su gloria” (Efesios 1,3-14)

 

 

En este himno está resumida buena parte de la cristología neotestamentaria y ahí queda patente la obra redentora y salvífica de Jesucristo, plenitud de los tiempos.

 

Ahora, y en el seguimiento de Cristo, surge la comunidad cristiana sirviendo como Él al anuncio del Reinado de Dios, llamando a la conversión, anticipando con obras, signos y milagros, y explicándolo a todos con parábolas y enseñanzas que llevan al mismo Jesús. También la Iglesia, que anuncia con obras y palabras, celebra a Jesucristo muerto y resucitado, en la Eucaristía que evoca la memoria pascual, que hunde sus raíces en la Pascua Judía y convoca a todos los pueblos al banquete universal de fraternidad.

 

La nueva creación supera el tiempo y el espacio, porque en espíritu y en verdad muestra el camino al Padre, esperando al Hijo glorioso por la fuerza del Espíritu. Son unas palabras de la IV Plegaria Eucarística, toda ella resumen litúrgico de la historia de salvación, las que condensan esta expectativa y este tiempo eclesial abierto a la Parusía del Señor:

 

“Por eso, Padre,

al celebrar ahora el memorial de nuestra redención,

recordamos la muerte del Cristo

y su descenso al lugar de los muertos,

proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha;

y mientras esperamos su venida gloriosa,

te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre,

sacrificio agradable a ti y salvación para todo el mundo”

 

 

2. Historia de Salvación: espacio y tiempo

 

Cada cultura ha tenido que repensar filosófica y teológicamente la historia de salvación a partir de su forma de comprender el tiempo y el espacio. Es crucial para establecer con acierto la idea de salvación y es un cometido para cada época si quiere vivir la fe. Podríamos reformular el viejo refrán (dime con quién andas –historia- y te diré quien eres –identidad-) del siguiente modo: dime cómo vives tu relación con el tiempo y con el espacio, di cómo te relacionas con la realidad y te diré quién eres y cómo es tu experiencia de Dios.

 

Vienen en nuestra ayuda un par de textos de Juan Pablo II tomados de la preparación a la Celebración del Jubileo del año 2000. Uno de ellos forma parte de la Carta en la que manifestaba su deseo de peregrinar a los lugares vinculados a la historia de salvación y el otro es de Tertio millenio adveniente. El espacio y el tiempo, irreductiblemente, se alían para hacernos comprender la importancia de la encarnación-redención de Jesucristo. Mi meditación, decía en 1999, Juan Pablo II, “me lleva a los «lugares» de Dios, a aquellos espacios que Él ha elegido para poner su «tienda» entre nosotros (Jn 1, 14; cf. Ex 40, 34-35; 1 Re 8, 10-13), con el fin de permitir al ser humano un encuentro más directo con Él. De este modo, completo en cierto sentido la reflexión de la Tertio millennio adveniente, donde, con el trasfondo de la historia de la salvación, la perspectiva dominante era la relevancia fundamental del «tiempo». En realidad, en la concreta actuación del misterio de la Encarnación, la dimensión del «espacio» no es menos importante que la del tiempo” (n. 1). En este otro lugar afirmó que: “«En el cristianismo el tiempo tiene una importancia fundamental. Dentro de su dimensión se crea el mundo, en su interior se desarrolla la historia de la salvación, que tiene su culmen en la «plenitud de los tiempos» de la Encarnación y su término en el retorno glorioso del Hijo de Dios al final de los tiempos. En Jesucristo, Verbo encarnado, el tiempo llega a ser una dimensión de Dios, que en sí mismo es eterno. Con la venida de Cristo se inician los «últimos tiempos» (cf. Hb 1, 2), la «última hora» (cf. 1 Jn 2, 18), se inicia el tiempo de la Iglesia que durará hasta la Parusía.» (TMA 10).

 

El aquí y el ahora, Hic et nunc, son esenciales para el cristianismo. No estamos ante una religiosidad etérea, inconcreta y desencarnada. El Verbo toma rostro, medida humana, domicilio y profesión, sudor y lágrimas, risa y palabras, lenguaje de calle, lee, trabaja, celebra banquetes y convoca una comunidad en torno a su persona. El Verbo encarnado ora al Padre y se compadece de las ovejas sin pastor, y por ellas dará la vida. Y lo hace allí, y entonces, y cumple las promesas de ayer para hoy y para mañana, en el siempre de Dios. El locus es realmente teológico y el cronos por pura gracia, plenamente kairológico.

 

Esta centralidad histórico-salvífica en Cristo, encarnado en un tiempo y un lugar, no se limita a la redención de la creación tocada por el pecado, sino que recreándola por su entrega en el amor hasta el extremo redimensiona el tiempo y el cosmos. La segunda carta de Pedro evoca esta nueva realidad que brota del mismo Jesucristo:

 

“El día del Señor llegará como un ladrón. Entonces los cielos desaparecerán estrepitosamente, los elementos se disolverán abrasados y la tierra con cuantas obras hay en ella quedará al descubierto. Puesto que todas estas cosas van a disolverse de este modo ¡qué santa y piadosa debe ser vuestra conducta, mientras esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios! Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados. Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia” (2 Pedro 3, 10-13).

 

Esta nueva realidad redimensionada en Cristo tiene al menos tres consecuencias para nuestra cultura y también para la catequesis con niños, jóvenes y adultos.

 

Una primera es el alcance ético-profético de este Señorío sobre el espacio y el tiempo. Vivimos una cultura instalada en el presentismo y carente de memoria, incapaz de reconocerse en unas raíces culturales, cristianas o no, y aterrorizada ante el futuro incierto y precario. Esta mentalidad dominante hoy es irreconciliable con una Historia salutis que refleja la voluntad de Dios, a saber, Dios quiere que el hombre, todo el hombre y todos los hombres, vivan para siempre, le ama en gracia y misericordia y tiene en la cruz de Jesús el contrapunto absoluto a toda injusticia, dolor, muerte y pecado. Dios siempre ha tomado la iniciativa y desde el origen busca al hombre para salvarlo hasta de sí mismo cuando le ofrece un origen (protología) y un destino (escatología).

 

También esta nueva realidad en Cristo, Pascua de la Humanidad, se proyecta de un modo nuevo en su perspectiva doctrinal-evangélica-reconciliadora, dando a la historia un sentido trascendental, una unidad que brota de la redención universal de todas las cosas en Cristo. En un mundo entregado al paradigma científico, inmanentista y cerrado en lo cuantitativo y medible, la Historia de la Salvación ofrece una superación de la supremacía del tener, del hacer y del poder porque la gracia y el amor se convierten en alternativa que sirve a la humanización de la historia y la comunión con la creación.

 

La tercera proyección es, por así decir, estética pero no esteticista, sino simbólica y silente: la hermosura de Dios nos lleva a la alabanza, al canto y a la belleza que supera una realidad mostrenca instalada en la fealdad. La historia de salvación, y la plenitud cristocéntrica genera una fraternidad nueva, una justicia mayor y una alabanza existencial que no se limitan a un compromiso ajeno al canto.

 

Una adecuada relación con el tiempo y el espacio proporciona al catecúmeno, al creyente, una sólida identidad, una inteligencia capaz del misterio, una ética que supera el utilitarismo y el comunitarismo y sobre todo una belleza que salvará al mundo. Así, la catequesis, a través de la inserción de la historia personal en la historia de un pueblo que se vive en alianza con Dios le permite alcanzar la bondad y la verdad.

 

En otras palabras, así lo han manifestado los obispos españoles en la Instrucción pastoral de presentación de la Sagrada Biblia donde explican:

 

 


 

“Como la Teología, también la catequesis, está llamada a extraer «siempre su contenido de la fuente viva de la Palabra da Dios, transmitida mediante la tradición y la Escritura».Y es que, la Sagrada Escritura, leída e interpretada en el seno vivo de la Tradición eclesial, es fuente de la catequesis en cuanto proporciona sus contenidos doctrinales (catequesis como historia de la salvación), inspira sus actitudes (catequesis como formación a la vida evangélica) e introduce en la comunión viva de la Iglesia (catequesis como mistagogia bíblica y litúrgica)». (CEE, Instrucción Pastoral La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia, n., 8).


 

 

3. Carácter central de Jesucristo en la Historia de Salvación, en la Catequesis y en la Pedagogía Catequética

 

 

El cristocentrismo, propio de la catequesis, trae consigo una relectura de la historia e incluso de la propia historia, una lectura creyente de los acontecimientos pasados y también actuales porque “cuando uno acoge el Evangelio de forma coherente con la fe, trata de hallar entre la historia humana aquellos acontecimientos significativos en los que Dios ha dejado –si puede decirse así- huellas de Su intervención, y por medio de los cuales, Él mismo ha conducido el curso de la historia a su «cumplimiento». Estos acontecimientos constituyen la trama misma de las Sagradas Escrituras; por ello, la «consumación» de la historia así entendida recibe el nombre de «escatología» (Sagrada Escritura y Cristología, 936 Enquiridion Bíblico). Así la historia de Salvación que tiene su centro en Jesucristo se convierte en contenido y en método de la transmisión de la fe.

 

La economía de la salvación tiene un carácter histórico porque se realiza en el tiempo: «empezó en el pasado, se desarrolló y alcanzó su cumbre en Cristo; despliega su poder en el presente; y espera su consumación en el futuro» (cf DPC). La catequesis, por tanto, al transmitir hoy el mensaje cristiano desde la viva conciencia que tiene de él, guarda constante «memoria» de los acontecimientos salvíficos del pasado, narrándolos de generación en generación. A su luz, interpreta los acontecimientos actuales de la historia humana, donde el Espíritu de Dios renueva la faz de la tierra y permanece en una espera confiada de la venida del Señor. Este carácter histórico del mensaje cristiano obliga, según el DPC, a la catequesis a cuidar varios aspectos, entre los que destaca el de

 

“Presentar la historia de la salvación por medio de una catequesis bíblica que dé a conocer las «obras y palabras» con las que Dios se ha revelado a la humanidad: las grandes etapas del Antiguo Testamento, con las que preparó el camino del Evangelio; la vida de Jesús, Hijo de Dios, encarnado en el seno de María que con sus hechos y enseñanzas llevó a plenitud la Revelación; la historia de la Iglesia, transmisora de esa Revelación. Esta historia, leída desde la fe, es también parte fundamental del contenido de la catequesis” (DPC 108)

 

Este carácter histórico de la Salvación y de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas:

 

“Las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan. A su vez, las palabras proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas» (DV 2)”.

 

Los obispos españoles han afirmado este carácter histórico de la salvación y de la revelación en el documento La Catequesis de la Comunidad con estas palabras:

 

“«Dios se revela entrando en la historia de los hombres: haciéndose presente en la historia del pueblo de Israel, encarnándose en Jesús de Nazaret, y prolongando su presencia en el mundo por medio de los cristianos, que constituyen su Iglesia, el nuevo Israel. (CC 112).

 

Cristo es centro de la historia de Salvación y podemos descubrirlo tanto en el Nuevo como en el primer o Antiguo testamento. Dicen que San Agustín pasó del estudio del Hortensio de Cicerón al estudio de la Biblia, pero antes de llegar al catolicismo recaló en el maniqueísmo, que era un cristianismo vivido como solo o pura razón, solo neotestamentario sin referencia alguna al Antiguo Testamento. En medio de los avatares históricos de Israel, de su Biblia, se halla “transparentado” el Logos, el Verbo, la misma Sabiduría, Jesucristo ya está presente tal como hizo comprender la exégesis de San Ambrosio cuando abrió a Agustín el camino del cristianismo de la Iglesia Católica. El rechazo del AT constituiría la disolución del cristianismo:

 

“La interpretación cristiana del AT es, pues, una interpretación diferenciada según los distintos tipos de textos. No sobrepone confusamente la Ley y el Evangelio, sino que distingue cuidadosamente las fases sucesivas en la historia de la revelación y de la salvación. Es una interpretación teológica, pero al mismo tiempo plenamente histórica. Lejos de excluir la exégesis histórico-crítica, la requiere” (El pueblo judío… 1727 Enchiridion Biblico).

 

Si la catequesis extrae su contenido de la historia de salvación centrada en Jesucristo, la formación del catequista le exige ser un experto en Historia de Salvación, o lo que es lo mismo, tener sabiduría y conocimiento abundante de la Sagrada Escritura, pues desconocerla, en palabras de San Jerónimo, es desconocer o ignorar a Cristo.

 

Esta necesidad ha sido puesta de manifiesto por los documentos de la Conferencia Episcopal aludiendo a que

 

“El catequista ha de conocer las grandes etapas de la Historia de la Salvación así como las grandes experiencias bíblicas. Se le hará descubrir el sentido de la Historia de la Salvación que alcanza su culminación en Cristo. Se le suministrarán las claves necesarias para interpretar ese sentido cristológico en sucesos, personas e instituciones. Puesto de relieve un aspecto del misterio de Cristo se harán ver sus anticipaciones a lo largo del Antiguo Testamento. Se mostrará cómo las perspectivas se van ensanchando y profundizando en las diversas etapas de la Historia de la Salvación. El conocimiento de la Historia de la Salvación ha de ser completado con algunas lecciones sobre la Historia de la Iglesia. Dentro de ella, la hagiografía bien orientada tiene mucha importancia. No olvidar los principales santos españoles. Se acudirá con frecuencia a la lectura directa de los textos. Se ha de huir de toda selección de los textos orientada ideológicamente. Hay temas que no deben faltar en esta iniciación bíblica. Los orígenes: creación, tentación, el mal en el mundo” (El Catequista y su Formación 127).

 

Debe manejarse, igualmente el catequista experto, en las tiempos y temas más importantes de la Historia de la salvación: los profetas, la figura del Siervo de Yahvé, los sabios, los pobres de Israel, Jesús de Nazaret, su ministerio, su muerte y resurrección. Jesús, Señor, es el centro de la Historia de la salvación y de Él brota la Iglesia y debe conocer las constantes en su estructura y en la predicación apostólica. La Historia de la salvación se prolonga en la historia de la Iglesia y de su obra evangelizadora y conduce a la escatología.

 

Por último, y más particularmente, desde una perspectiva metodológica, la historia de la salvación requiere un ejercicio que incluye de una parte el aprendizaje significativo, de otra apela a la utilización de la experiencia vital y de otra necesita de la facultad de la memoria. Se trata de aceptar una pluralidad metodológica que lleve a conseguir la comprensión profunda del dato bíblico más allá de los datos, de entender las relaciones entre unas y otras etapas de la historia de salvación y de verificar la iniciativa de Dios en todos y en cada uno de los acontecimientos porque Dios está en búsqueda del hombre hasta encontrarlo y ofrecerle la salvación. El número 55 de Catechesi Tradendae recuerda especialmente que la memorización es “necesaria para conservar “la «memoria» de los grandes acontecimientos de la historia de la salvación” proponiendo “una cierta memorización de las palabras de Jesús, de pasajes bíblicos importantes, de los diez mandamientos, de fórmulas de profesión de fe, de textos litúrgicos, de algunas oraciones esenciales, de nociones-clave de la doctrina...” que “lejos de ser contraria a la dignidad de los jóvenes cristianos, o de constituir un obstáculo para el diálogo personal con el Señor, es una verdadera necesidad, como lo han recordado con vigor los Padres sinodales”.

 

4. La historia de salvación en los documentos y catecismos de la CEE

 

La documentación catequética de la CEE es muy amplia y se ha desarrollado en los últimos treinta años muy abundantemente tanto por la Comisión Episcopal como por la Asamblea Plenaria. Se ha percibido el impulso de la renovación catequética generado por el Concilio Vaticano II recibiendo las indicaciones del Directorio Catequístico General (1971) posteriomente actualizado como Directorio General para la Catequesis (1997); también la Conferencia Episcopal participó vivamente en los trabajos preparatorios y en las reflexiones del Sínodo de la Catequesis que se materializaron en Catechesi tradendae y en la elaboración y la recepción del Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio han sido muy notables.

 

En cuanto a los documentos, son representativos los siguientes para la Catequesis en España: La catequesis de la comunidad (1983), El catequista y su formación (1985), El sacerdote y la educación (1987), Catequesis de adultos (1993), La iniciación cristiana (1998) y las Orientaciones para el Catecumenado (2002).

 

También la elaboración de catecismos ha sido incesante en estos años posconciliares. Bien sea en la vertiente de Catecismos Escolares, pensados para la escuela y la clase de religión, bien sea en los Catecismos de la Comunidad Cristiana. También en los documentos catequéticos concebidos como Orientaciones Pastorales y en los mismos Catecismo o en los Materiales para la catequesis hay unas claves constantes desde el punto de vista bíblico: la presencia de la Palabra de Dios en toda su abundancia y variedad, la iniciación bíblica para los catequistas y en los catecismos y materiales, la confrontación de la vida y la fe a través de la Sagrada Escritura y la explanación doctrinal a partir de la historia de la salvación incluyendo la Narratio y estructurando e iluminando todas las propuestas.

 

 Explícitamente el Plan de Acción de la Subcomisión de Catequesis así lo ha formulado: “Promoción del uso y la lectura de la Sagrada Escritura en la catequesis como elemento esencial del acto catequético, especialmente en los momentos dedicados a la narración de la Historia de la Salvación” (2007).

 

Sin ser exhaustivos, presentaremos algunos ejemplos. El primer hito, verdaderamente ineludible, es el Catecismo Con Vosotros Está (1976). Quedará en la Historia de la Catequesis en España como el primer intento de renovación catequética a partir de la renovación conciliar con una metodología nueva que atiende a las ciencias humanas tanto como a la verdad revelada, procurando la doble fidelidad al hombre (preadolescente) y a Dios (mensaje bíblico y evangélico, magisterial). La historia de salvación ocupa un lugar preferente, pero leída no como una narración autónoma, ni como historia sagrada, sino en confrontación iluminadora con la experiencia existencial del preadolescente: así el lenguaje antropológico, el religioso y el cristiano se encuentran e interactúan. Un adolescente en búsqueda de la propia identidad encuentra una experiencia de fe que se le ofrece como un don por iniciativa de Dios. El Éxodo conecta con el ansia de libertad adolescente, el crecimiento tiene su parangón en el desierto bíblico, la tentación es convergente con la desorientación del joven que ha de elegir en libertad, las limitaciones personales conectan con la pobreza y los pobres, la necesidad de alegría con la fiesta, la comunicación con la comunidad y la Iglesia, y la verdad y la justicia con el tiempo de la profecía y los profetas. El amor, categoría central, se relaciona íntimamente con la categoría de alianza eje de la historia de salvación de Israel y de la Iglesia de Jesucristo. No es el momento de hacer una valoración, pero sí de no caer en el olvido.

 

Actualmente son tres los catecismos de la Iniciación Cristiana. Los dos primeros ya publicados y el tercero, en vigor, en fase de renovación. También se está elaborando el Catecismo para jóvenes y adultos.

 

Para los niños más pequeños contamos con: Los primeros pasos en la fe. Despertar a la fe en la familia y en la parroquia. En su presentación dijeron los obispos que: “Este libro es una ayuda para que la familia pueda llevar a cabo su importante misión del despertar a la fe en los primeros años de la vida. Se trata de un texto que ofrece una primera experiencia de la fe y muestra de forma sencilla la Revelación de Dios, que se transmite en la familia, impregnado todo él de oración. Se presenta como despertar a la fe en la familia y en la parroquia. En la familia, porque es el ámbito natural. En la parroquia porque es su continuidad, su proyección y, en último término, porque la Iglesia, al bautizar a un niño, lo bautiza en su fe y, por tanto, es la comunidad cristiana también responsable de la fe. El libro es un instrumento para ayudar y alentar la renovación de la pastoral familiar, en relación con el sacramento del Bautismo y el despertar religioso en los primeros años de la vida del niño.

 

 

 

Afirmaban los obispos que:

 

“Los niños tienen derecho a saber, a comprender y a conocer la historia de Dios con los hombres, cuya plenitud es Jesús, y que la Iglesia ha recibido y transmite desde los Apóstoles. Este libro ofrece una pequeña muestra de toda esta historia, fijándose sobre todo en algunos personajes importantes. Al leerles estas historias, mientras ellos contemplan los dibujos, aprenderán, de una manera muy sencilla, a conocer cómo Dios se hace amigo de los hombres y cómo actúa, también hoy, entre nosotros. Al escuchar la Historia de la Salvación seguro que los niños harán muchas preguntas, y hay que tener en cuenta que lo importante no es darles respuestas complicadas, lo importante es ayudarles a descubrir que Dios nos ama y que espera de nosotros una respuesta de amor. Abraham, Moisés, David, Isaías y María serán como un espejo en el que mirarse para decirle a Dios que lo queremos y que confiamos en Él. Toda esta historia alcanza su plenitud en Jesús, el Hijo Único de Dios, enviado por el Padre para salvar a los hombres. Esta primera aproximación a Jesús es muy importante, es el corazón de todo, pues es Jesús quien nos conduce a Dios, su Padre. Por Él podemos vivir de forma nueva nuestra relación con los demás y hablar con Dios con las palabras que Él mismo nos enseñó.” (Presentación oficial de Los primeros pasos en la fe)

 

También está el catecismo Jesús es el Señor. aprobado por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española de noviembre de 2006, y por la Santa Sede en Junio de 2007, este catecismo es el destinado a los niños que se inician en la fe y en la vida cristiana. En la rica tradición de los catecismos de la Conferencia Episcopal, este catecismo asume, adaptado a sus destinatarios, las orientaciones del Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio y de los documentos sobre Iniciación cristiana de la Iglesia en España.

 

“El Catecismo Jesús es el Señor, en torno al símbolo de la fe, se inicia con el anuncio de Dios Padre: la creación, el amor salvador de Dios y la Historia de la Salvación. Sigue el anuncio de Jesucristo, los misterios de la vida de Jesús, la narración de sus obras y palabras, desde su nacimiento a su resurrección. A continuación se desarrolla la obra del Espíritu y su tarea de santificación y se presenta la Iglesia, los sacramentos, en especial los de Iniciación cristiana, y la vida en Cristo a través de los Mandamientos. Finaliza con el anuncio de la Vida Eterna. En el Catecismo las dimensiones fundamentales de la Iniciación en la vida cristiana, creer, celebrar, vivir y orar, es decir, fe, sacramento, vida nueva y oración, se reclaman constantemente, presentando la armonía y unidad del misterio cristiano adaptadas, a los niños” (Plan de acción de la CEEC 2007-2010).

 

Es conocido que se está elaborando un nuevo Catecismo para la infancia adulta a partir del Catecismo de la Iglesia Católica y del catecismo Esta es nuestra fe, que constituirá la síntesis de fe para la catequesis de infancia-adolescencia. Según el plan desarrollará de forma sistemática: la Historia de la Salvación, el Símbolo de la fe, la Liturgia y los Sacramentos, la Ley nueva y los Mandamientos y la oración cristiana. Se cuidará de forma especial la adecuación al destinatario, así como un desarrollo completo en el que aparezcan todos los lenguajes de la fe. También se está elaborando para la catequesis de jóvenes y adultos con el cual se completará el mandato de la Asamblea Plenaria de renovación de los Catecismos. Será un catecismo que desde las orientaciones actuales de la catequesis se sitúe al servicio de la Iniciación cristiana de los adultos, y de aquellos que necesiten completar su Iniciación o se inician en la fe.

 

 

 

La importancia concedida a la Historia de Salvación fue muy grande en el catecismo Esta es nuestra fe (1986). Con un bello estilo y a lo largo de casi 50 páginas, se ofrece una Narración de la Historia de Salvación: La Alianza de Dios con los hombres. Se divide 1. La Alianza de Dios con el pueblo de Israel; 2. Dios cumple su promesa en Jesucristo: La nueva Alianza; 3. El Pueblo de la Nueva Alianza. Todas las afirmaciones tienen, en columnas paralelas, las citas bíblicas que fundamentan las afirmaciones. También en la introducción un largo apéndice ofrece datos históricos y culturales necesarios para la iniciación bíblica, del Antiguo y del Nuevo Testamento, y de la Historia de la Iglesia y la expansión misionera.

 

La definición de la página 8 puede servir de síntesis:

 

“Llamamos historia de salvación y, también historia de la alianza de Dios con los hombres, al proyecto o designio de Dios de comunicar a los hombres su amor misericordioso, haciéndoles participar de su propia vida. Dios llevó a cabo este proyecto entrando de veras en la historia humana con obras y palabras y sembrando en los corazones de todos los hombres semillas de verdad y bien para ayudar a todos a alcanzar la salvación” (Esta es nuestra fe).

 

 

5. Conclusión

 

Refiriéndose a los jóvenes, en el n. 104 de Verbum Domini, Benedicto XVI se refiere a la Sagrada Escritura como a una brújula que indica el camino a seguir. Esta imagen, para hablar de la Biblia, ya la había utilizado en el mensaje para la JMJ de 2006. Por eso, la catequesis, en la familia y en la comunidad parroquial, la enseñanza religiosa escolar y otras formas de educación en la fe habrán de ayudar a los jóvenes al manejo preciso de esa brújula que es la Palabra de Dios. Tendremos que ayudarles a familiarizarse con sus códigos, con su forma de narrar la salvación de Dios, de interpelar al corazón humano, de interpretar los errores, las pasiones, los sueños y las esperanzas. La Palabra puede acariciar el corazón o puede dejarnos indiferentes, pero para ello necesitamos un guía, un maestro, un experto escrutador de su verdad más profunda.

   

 

La Sagrada Escritura ha de ser acogida con docilidad, como pide Santiago porque la Palabra “ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas”. El catequista no es otra cosa que aquél que injerta, con pericia, para transformar sustancialmente al catecúmeno.

 

La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón. Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquél a quien hemos de rendir cuentas” (Hebreos 4,12).

 

 

Toda la labor de renovación y dinamismo catequético y de impulso y creación de catecismos y materiales para la iniciación cristiana se sostienen en una confianza grande en Dios mismo, que envía a su Iglesia a anunciar la salvación. Confiamos en que la tarea de la catequesis y de la educación cristiana sea como la propia Palabra de Dios que empapa la tierra y la hace germinar:

 

“Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,

y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,

de fecundarla y hacerla germinar,

para que dé semilla al sembrador

y pan al que come,

así será la palabra, que sale de mi boca:

no volverá a mí vacía,

sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo”

 

                                                   Isaías 55,10-11

 

 


6. Referencias bibliográficas

 

 BIBLIA

 

Biblia para la iniciación cristiana, 3 volúmenes, Madrid, EDICE, 1987.

 

Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, Madrid, BAC, 2010.

 

DOCUMENTOS Y CATECISMOS DE LA IGLESIA

 

1965: Constitución Dogmática Dei Verbum: 2-4; 14.

1965: Constitución Pastoral Gaudium et Spes. 32. 41.

1971-1997: Directorio para la Catequesis,  107-108

1979: Juan Pablo II: Exhortación Catechesi Tradendae.  55

1984: PCB: Sagrada Escritura y Cristología: 931-934.968-971 del Enquiridion Biblico

1992-1997: Juan Pablo II: 1992: Catecismo de la Iglesia Católica: NN. 51-141

1999: Juan Pablo II: Peregrinación a los lugares vinculados historia de la salvación

2001: PCB: El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras: 1773-1787 del Enquiridion Biblico

2005: Juan Pablo II: 2005: Compendio: nn. 6-25

2010: Benedicto XVI: Exhortación Verbum Domini. 7.104

 

Todos disponibles en www.vatican.va  o en:

GRANADOS, C. - SÁNCHEZ NAVARRO, L. (edd), Enquiridion Bíblico. Documentos de la Iglesia sobre la Sagrada Escritura, Madrid, BAC, 2010.

 

 

DOCUMENTOS DE LA CEE SOBRE CATEQUESIS

 

1983: CEEC: La catequesis de la comunidad

1985: CEEC: El catequista y su formación

1987: CEEC: El sacerdote y la educación

1990: CEEC: Catequesis de adultos

1996: CEEC: Proyecto marco de la formación de catequistas

1998: CEE: La iniciación cristiana (reflexión y orientaciones)

1998: CEEC: Proyecto marco de formación de catequistas

2002: CEE: Orientaciones pastorales para el Catecumenado

2004: CEE: La iniciación cristiana de niños no bautizados en su infancia

2007: CEEC: Plan de Acción de la Subcomisión Episcopal de Catequesis 2007-2010

2008: CEE, Instrucción Pastoral La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia

 

Todos disponibles en la Colección Documental Informática OPAC

www.conferenciaepiscopal.es/archivodoc/jsp/system/win_main.jsp

 

CATECISMOS DE LA CEE

 

1976: CEE: Catecismo Con Vosotros está

1986: CEE: Esta es nuestra fe

2006: CEE: Los primeros pasos en la fe

2008: CEE: Jesús es Señor

2005: Provincia Eclesiástica de Granada, Itinerario catequético de la iniciación cristiana para adolescentes y jóvenes. Primera Etapa: Dios nos ama y nos salva.

 

IV PLEGARIA EUCARÍSTICA DEL MISAL ROMANO

 

ESTUDIOS

 

“La historia del pueblo y del libro santo”, en: Biblia para la iniciación cristiana, 3 volúmenes, Madrid, EDICE, 1987, Volumen 3, 14-21.

BRINGAS, A., “La Sagrada Escritura en el Tercer Catecismo de la Comunidad Cristiana”, en: Actualidad catequética 132 (1987) 53-90.

 

EDITORIAL VERBO DIVINO, La Biblia: Palabra de Vida, Estella (Navarra), 1996.

 

EQUIPO PEDAGÓGICO PPC, Historia de nuestra salvación. Ediciones para la formación religiosa 6, Madrid, 1976.

 

ESTEPA, J. M.., “Conversación y entrevista a D. José Manuel Estepa Llaurens en Madrid sobre el Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio, por Ramiro Pellitero y Enrique Borda el 26 de noviembre de 2005. Publicado en en "Anuario de Historia de la Iglesia" 15 (2006) 367-388., en: http://www.almudi.org/tabid/36/ctl/Detail/mid/386/aid/582/paid/0/Default.aspx

 

Nota: En la revista Actualidad Catequética de la Subcomisión de Catequesis de la CEE pueden encontrarse estudios, reflexiones y experiencias relativas a los diversos catecismos de la Conferencia Episcopal y al Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio; igualmente los materiales y ponencias de las Jornadas de Delegados Diocesanos de Catequesis son fuentes para el estudios de la catequesis en España:

 

http://www.conferenciaepiscopal.es/ensenanza/catequesis/publicaciones.htm

 

 

 

 


ANEXO: TABLA COMPARATIVA

 

 

Catecismo de la CEE            Sagrada Biblia

         Jesús es el Señor                        Nueva traducción 

         Citas bíblicas secciones I-IV

 

Eran constantes en escuchar la enseñanza

de los Apóstoles, en la vida en común,

en la fracción del pan y en las oraciones.

Los creyentes vivían unidos

y lo tenían todo en común

(Hch 2,42.44)

Eran constantes en escuchar la enseñanza

de los Apóstoles, en la vida en común,

en la fracción del pan y en las oraciones.

Los creyentes vivían todos unidos

y lo tenían todo en común

(Hch 2,42.44)

 

Dejad que los niños se acerquen a mí

(Mc 10,14)

 

Dejad que los niños se acerquen a mí

(Mc 10,14)

Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos

(Mt 18,20)

Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos

(Mt 18,20)

Muchas veces y de muchas maneras, antiguamente, habló Dios a nuestros padres; ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo (Hb 1,1-2)

En muchas ocasiones, y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo (Hb 1,1-2)

“Yo hablo como el Padre me ha enseñado”

(Jn 8,28)

“Yo hablo como el Padre me ha enseñado”

(Jn 8,28)

“Vosotros, rezad así: Padre nuestro del cielo” (Mt 6,9)

“Vosotros, orad así: Padre nuestro que estás en el cielo” (Mt 6,9)

“Al principio creó Dios el cielo y la tierra. Creó Dios al hombre. Hombre y mujer los creó” (Gén 1,1.27)

“Al principio creó Dios el cielo y la tierra. Creó Dios al hombre. Varón y mujer los creó” (Gén 1,1.27)

“Dará Dios un hijo y le pondrá por nombre Jesús, porque El salvará al pueblo de sus pecados” (Mt 1,21)

Dará a luz un hijo y tu le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21)

“Dad  gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 135,1)

“Dad  gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (Sal 135,1)

“Desde mi infancia, oí en el seno de mi familia, cómo Tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados para ser tu heredad  perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido” (Est 4,17)

“Desde mi nacimiento, yo oí en mi tribu y en mi familia, que Tú, Señor, escogiste a Israel entre todas las naciones, y a nuestros padres entre todos sus antepasados para que fueran por siempre tu heredad; realizaste en favor suyo todo lo que prometiste” (Est 4,17m)

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador” (Lc 1,46-47)

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador” (Lc 1,46-47)

“No temas María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. María contestó al ángel: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,30-31.38)

“No temas María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. María contestó: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,30-31.38)

“Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada” (Lc 2,6-7)

“Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada” (Lc 2,6-7)

“Iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52)

“Iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52)

“He contemplado al Espíritu que se posó sobre Él. Yo lo he visto y he dado testimonio de que Este es el Hijo de Dios” (Jn 1,32.34)

“He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre Él. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios” (Jn 1,32.34)

“Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15)

“Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios: Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15)

“Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos y las has revelado a la gente sencilla” (Lc 10,21)

“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas  a los sabios y entendidos y las has revelado a los más pequeños” (Lc 10,21)

“Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy en mí” (Lc 4,21)

“Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír” (Lc 4,21)

“Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: Sí, puedo. Todo es posible al que tiene fe” (Mc 9,22-23)

“Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: ¿Si puedo?. Todo es posible al que tiene fe” (Mc 9,22-23)

“Padre nuestro, que estás en el Cielo,

santificado sea tu nombre,  

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden,

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal. Amén” (Mt 6,9-13).

 

“Padre nuestro, que estás en el Cielo,

santificado sea tu nombre,  

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden,

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal. ” (Mt 6,9-13).

 

“Mientras subía a la montaña, fue llamando a los que Él quiso y se fueron con Él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar” (Mc 3,13-14)

Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él. E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (Mc 3,13-14)

“Vosotros sois mis amigos” (Jn 1,14)

“Vosotros sois mis amigos” (Jn 1,14)

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,15-16)

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” (Mt 16,15-16)

“Antes de la fiesta de Pascua,

Sabiendo Jesús que había llegado la hora

de pasar de este mundo al Padre,

habiendo amado a los suyos

que estaban en el mundo,

los amó hasta el extremo” (Jn 13,1)

“Antes de la fiesta de Pascua,

Sabiendo Jesús que había llegado su hora

de pasar de este mundo al Padre,

habiendo amado a los suyos

que estaban en el mundo,

los amó hasta el extremo” (Jn 13,1)

 

 

 

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